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Portada > Citas Literarias > Cita de Fernando Sánchez Dragó Es la hora del desayuno. Despliego mi variopinta panoplia de medicamentos y alimentos naturales sobre la mesa de la cocina. Oisinoid, fascinado, me contempla y dice: _¿Todo esto te tomas, patrón? _Todo eso, angelote, y que no falte. Es mi elixir de la eterna juventud. A ti puedo decírtelo: soy casi tan viejo como Drácula. Tengo ciento catorce años. _Pues los llevas la mar de bien. Nadie te echaría más de ciento cinco. _¿Prefieres cultivar la impertinencia o enterarte de los ingredientes de mi elixir? _Lo segundo, patrón. Para eso he venido. _Muy bien. Empecemos por lo fácil, por lo que casi todo el mundo conoce, por lo que puede encontrarse en el herbolario o en la farmacia de la esquina. _¿Me permites tomar apuntes? _Te lo permito Aquí tienes la lecitina de soja, polen,
germen de trigo y levadura de cerveza. Ese bote es de cápsulas
de ajo. El aceite omega, que sale del pescado azul, te ayudará
a meter en cintura el pérfido colesterol. Con el tromalyt (o
dosis diaria de ácido acetilsalicílico establecida por
los matasanos yanquis para prevenir el infarto) mejorarás el
flujo, la ligereza y la eficacia de tu sangre. Añade quince gotas
de ortosil y le darás al cuerpo todo el silicio que necesita.
El selenio y la vitamina E son antioxidantes de reconocida solvencia.
El premio Nobel Linus Pauling dice, y yo le creo, que conviene tomar
de tres a siete gramos diarios de vitamina C para frenar en seco, y
en agraz, la mayor parte de las enfermedades degenerativas y muchas
otras que no lo son. Recuerda que los betacarotenos (zanahoria, Oisinoid,
mucha zanahoria) son decisivos para prevenir el cáncer. Y mira: esto es catuaba, un afrodisíaco que viene de las selvas del Amazonas. Te garantizo que notarás su efecto, Oisinoid, pero que no se enteren allá arriba. El aceite de onagra (que muchos, equivocándose en la traducción, llaman de prímula)es una sustancia portentosa que pondrá brillo en tu piel, en tus ojos y en tus uñas, y que además, por el mismo precio, convertirá en fortaleza blindada tu sistema inmune. Volveremos a hablar de esa planta milagrosa, porque el asunto lo merece. No escuches a los médicos timoratos, Oisinoid, y abusa de las vitaminas y de los oligoelementos, porque los daños producidos en tu cuerpo glorioso por la contaminación así lo exigen. Yo, además de lo dicho, suelo tomarme una cápsula diaria de Pharmaton Complex. Y por último, si estás en baja forma al levantarte, échate al quite con dos pastillas de arcalión. No te asustes. Se trata, simplemente, de vitamina B. Cualquier farmacia te despachará ese producto sin necesidad de receta. _¿Eso es todo, patrón? Has dicho por último... _No me interpretes mal, angelito. Esa locución adverbial apunta sólo (ya lo dije) a lo evidente, a lo socorrido, a lo que todos conocen. Pero aún llevo en el buche lo más importante, lo más secreto, lo que todos desconocen... _Estoy aturdido, jefe. ¿Me permites que corte por lo sano tu discurso con una cita de Baltasar de Alcázar? _Dispara, Oisinoid, y hiéreme donde menos duela. _Las once dan, yo me duermo; / quédese para mañana. _¿Para mañana? Estás fresco, Oisinoid. Iba a hablarte del serumdal o extracto de crisálidas de gusano de seda, del efamol que produce mi buen amigo Antonio López-Román en los laboratorios Oikos y de mi último descubrimiento: el yoki reishi, una seta china que nos llega desde Japón y que lo cura casi todo. Pero yo también prefiero dejar el asunto y no precisamente hasta mañana, sino hasta mi próxima dragontea. Tengo una cita galante, Oisinoid. _De acuerdo, patrón, y no te olvides de tomar ese afrodisíaco amazónico que mencionabas antes. Vas a necesitarlo. _Dios te oiga, querube. Y ahora, por favor, escurre el bulto. Mi dama está a punto de llegar. _¿Te importaría que contemplase la escena a través del ojo de la cerradura? _Oisinoid... _Dime, ¡oh erotiquísimo y potentísimo Kalíkatres! _¡Grrrr! _Agur.
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